Day: March 9, 2016

¿Para qué nos sirve dormir?

Hace poco visité a mis suegros y ambos son dos personas altamente activas y se cuidan muy bien. Mi suegra es una persona hiperactiva, que no se queda quieta, y eso la mantiene sana y jovial.

Mi suegro es inquieto y “travieso” por naturaleza, por lo que el andar en bicicleta y subirse a los árboles lo mantiene más joven que a muchos de su edad.

Vaya, ambos son un par de personas muy peculiares, si bien están llenos de “ideas y creencias” propias de la edad, son dos seres humanos libres y sanos, situación que nos tranquiliza y enorgullece mucho.

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Una frase que constantemente repite mi suegro es que él duerme muy poco, prefiere salir a disfrutar del aire fresco y sentir la brisa en su rostro andando en su bici, que ya habrá tiempo para descansar… cuando se muera.

Por un lado tiene razón, la vida es tan corta que hay que aprovecharla al máximo, solo que, ¿realmente hay que dormir poco? ¿para qué nos sirve dormir entonces?

Si analizamos un poco nuestra historia de vida, pasamos cerca de un tercio de ella durmiendo. En este caso he observado a mi suegro en especial y sí, el duerme y muy bien, sólo que no se da cuenta de ello además de que su ritmo es diferente al de nosotros.

Los doctores han realizado diversos estudios alrededor del sueño y saben que su proceso es conducido por un reloj biológico, ajustado en un ciclo de 24 horas.

Las perillas de este mecanismo se moldean genéticamente y su sincronía depende de factores externos, como la iluminación, ruidos, olores, hábitos, tipos de colchones, vida social etcétera.

El tiempo que pasamos durmiendo no es un paréntesis en el que no sucede nada. Todo lo contrario, éste es un periodo activo donde se producen cambios hormonales, bioquímicos, metabólicos y de temperatura corporal, imprescindibles para un buen sueño y un correcto funcionamiento diurno.

Aunque pueda parecer obvio, dormir nos permite estar despiertos y estamos despiertos para poder dormir. Parece trabalenguas, mas así funcionamos la gran mayoría.

Los especialistas creen que la pieza principal de este engranaje es la melatonina, que es una hormona producida en el cerebro por la glándula pineal.

Esta hormona comienza a activarse al anochecer, cuando se pone el sol como aviso para que el organismo se prepare “para dormir”.

Esto lo podemos ver muy claramente en los niños, quienes al meterse el sol, dan muestras de “desear dormir” y por supuesto… nosotros somos parte de ese ciclo, salvo que tu reloj biológico tenga una información diferente o padezcas de algún tipo de alteración particular.

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Cuando el proceso comienza, la temperatura cae de 1 a 2 grados centígrados y la presión arterial también sufre una suave caída y el primer rasgo de sueño es el pestañeo lento de ojos.

Nuestro funcionamiento físico y mental está directamente ligado a una buena noche de sueño. El efecto de una noche sin dormir es similar al de una suave embriaguez: se daña la coordinación motora y la capacidad de razonamiento queda comprometida. O sea que sin un buen descanso, el organismo deja de cumplir una serie de importantísimas funciones.

Mientras estamos en la cama, una especie de ejército de reconstrucción actúa, recuperando las “bajas” acumuladas en el periodo que estamos despiertos. Esto prepara al cuerpo para la guerra del día siguiente.

De ahí que el dormir en un buen colchón, como bien pueden ser los colchones ortopédicos, nos ayudan a cumplir adecuadamente con la función del buen descanso.

Cuando alcanzamos el sueño profundo, las proteínas son sintetizadas a gran escala. Esto tiene el objetivo de mantener o expandir las redes neuronales ligadas a la memoria y al crecimiento.

Esto regula los niveles de otras substancias responsables de la regeneración de células y cicatrización de la piel. Junto con este proceso, el cerebro genera la producción y liberación de hormonas, como la melatonina y la hormona del crecimiento.

Como notarás, el dormir, y mejor aún, el dormir bien, es más que descansar. Dormir bien es esencial no sólo para despertarse al día siguiente, sino también para mantenerse saludable, para mejorar la calidad de vida y hasta para aumentar la longevidad.