La importancia de observar a nuestros hijos
Posted on: March 11, 2016, by : DepiLast

Cuando tenía a mi hijo recién nacido en mis brazos, una de las cosas que más disfrutaba era observarlo, ya sea cuando nos veíamos a los ojos para irnos conociendo mutuamente, al verlo descubrir su alrededor, o sencillamente, al contemplar cómo poco a poco se iba quedando dormido.

Esa sensación de paz que nos brindábamos mutuamente ha sido uno de esos recuerdos que guardo como un tesoro, ya que mi pequeño está creciendo y muy, muy rápido para mi gusto.

Conforme pasaban los días, poco a poco fui conociendo sus ruiditos, que me iban expresando cuando se sentía incómodo, hambriento, molesto e incluso cuando no se sentía bien.

Fueron días intensos, ya que cuando comenzaba a moverse de forma inquieta o lloraba, era el momento de descifrar qué significaba.

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Poco a poco fui entendiendo su forma de expresarse y eso me daba seguridad conforme pasaban los días. Para una madre primeriza, estos primeros días suelen ser intensos, porque esos son los momentos para aprender a descifrar a tan frágil criatura.

Después de esta primera etapa de conocimiento, ahora mi hijo es un libro abierto. Claro está, ya han pasado más de ocho años y son los mismos que tengo de absorber todos sus gestos y sentires.

Ahora claramente puedo “ver” cuando se siente bien, preocupado, cansado, intrigado… es aquí donde las madres, a través del tiempo de conocer a nuestros hijos, desarrollamos lo que se conoce como el sexto sentido, que no es más que el cúmulo de conocimientos que tenemos guardado en algún lugar de nuestra mente.

Aun a esta edad, los niños siguen buscando el comunicarse con el mundo de los adultos, ya que no llegan a identificar algunas emociones o malestares.

Un caso muy particular que nos acaba de pasar es que mientras mi hijo estaba pequeño podía ver claramente a corta y larga distancia, ese no era ningún problema, así que cuando me dijo que le dolía la cabeza, pues lo atribuía a otra cosa.

Lo curioso es que esta molestia sólo la tenía después de ir a la escuela, cosa que me parecía por demás extraña, hasta que me quedé observándolo detenidamente por algunos días.

Descubrí que mi pequeño tenía problemas de visión y era en la escuela donde más se presentaba el esfuerzo por ver el pizarrón.

Fuimos a visitar al oftalmólogo pediatra para que lo evaluara y determinara si efectivamente la raíz de sus molestias era un problema de la vista.

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Ya en el consultorio, que parecía un viaje al espacio, donde el sistema solar nos envolvía junto con los planetas, asteroides, cometas y un hermoso sol, sentaron a mi niño en una sillita en forma de la Tierra.

Es interesante observar a un oftalmólogo pediátrico, ya que ellos saben cómo examinar y tratar a los niños de un modo que los haga relajarse y querer cooperar, pues no todos los peques pueden expresar lo que tienen y en algunos casos lo niños no saben leer.

Además de lo anterior, los oftalmólogos pediátras utilizan equipos especialmente diseñados para los niños, lo que facilita también la tarea.

Y bueno, conforme le fue haciendo la exploración visual, efectivamente determinó que el niño tenía un cierto grado de miopía y al ponerle los lentes que mejor se ajustaban a su visión, mi hijo descubrió un nuevo mundo. Todo le era mucho más claro, más nítido… e incluso más grande.

En fin, con esta experiencia me doy cuenta que aun cuando creemos conocer a nuestros hijos, siempre hay algo nuevo que aprender, por lo que no hay que dejar de observarlos, ya que a veces ellos mismos no saben que algo no anda bien.

El tema de la vista suele ser así, los niños no saben si lo que ven efectivamente es así, probablemente para ellos es tan normal ver en su momento una mancha verde que, a la hora de ponerse unos lentes resulta ser un árbol y esto les abre otro mundo.

Después de esta experiencia y de usar sus lentes, los dolores de cabeza se fueron y cada momento es bueno para descubrir cosas nuevas.

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